AUGUSTO VICENTE ITURBURU

12 de enero de 1980 - 15 de abril de 2020
Guayaquil, Ecuador

Por: Camila Barreiro

(Argentina, 1993)

En un estadio de fútbol, entre cánticos y banderas, Augusto Iturburu (40 años) se desenvolvía como pez en el agua. A principios de 2020 murió su madre y la tristeza lo había debilitado, pero el amor por su trabajo le inyectaba las energías necesarias para cumplir con sus tareas para El Telégrafo. Cuando a principios de marzo empezaban a confirmarse los primeros casos del nuevo coronavirus en Ecuador, Augusto cubrió el enfrentamiento entre Barcelona e Independiente del Valle el 4 de marzo. Allí comenzó el malestar que culminaría con su internación por covid-19.

Augusto estudió para ser maestro y ejerció con dedicación, pero se abocó al periodismo deportivo por admiración a su amigo Néstor Espinoza. Si bien era fanático del fútbol, sus historias preferidas eran las que descubrían realidades, sin importar el deporte. Por ejemplo, este pequeño reportaje sobre las niñas que boxeaban en un barrio vulnerable de Guayaquil.

Sus allegados dicen que era muy veloz con el teclado. Podía salir a comer con sus amigos y regresar a redactar una noticia en pocos minutos. “Tengo que escribir la nota principal, pero está en mi cabeza”, decía.

Su pelo zambo acompañado de facciones fuertes, piel canela y una sonrisa espectacular reflejaban su espíritu. Fiel devoto de la fe bahaí, había sido apodado “La Roca” por su firmeza. Jamás se negaba a hacer un favor y se dedicaba con talento a todo lo que emprendía, incluso en proyectos que escapaban a su zona de confort.

“Qué pena. Yo creo que podría haber servido más afuera (ayudando a la gente), pero creo que hasta aquí llego”, le dijo a su prima Katty, en el último mensaje de voz que envió desde el hospital. Tras varios días de agonía —con malos diagnósticos, medicado con penicilina y sin la atención médica necesaria— Augusto falleció por complicaciones asociadas a un covid-19 no detectado a tiempo. Las penurias continuaron: le fueron ultrajadas sus pertenencias y vaciaron la cuenta bancaria familiar.

Sus familiares y amistades aún lo lloran con el sabor amargo que deja la injusticia. Sin embargo, su recuerdo se tiñe de canciones con su bella voz y la alegría que solo él sabía irradiar.

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Este perfil fue construido con los testimonios de Néstor Espinoza, colega de El Telégrafo y amigo, y Katty Simisterra, prima.

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