Víctor Hugo Peña Black

Víctor Hugo Peña Black

4 de marzo de 1978 - 27 de marzo de 2020
Guayaquil, Ecuador

Por: Tatiana Oviedo

(Uruguay, 1997)

Víctor no concebía un mundo sin periodismo.

Aunque fue hijo de la vieja escuela del lápiz y del papel, esto no impidió que se abriera a los nuevos caminos de la profesión.

Bonachón y divertido. Así lo describen sus amigos. Un amante de la comida y con una pasión innata por los deportes. Comenzó haciendo coberturas de fútbol hasta que una nueva oportunidad tocó su puerta: hacerle paso a la radio y la televisión con la producción y coordinación de noticias en Ecuavisa, una cadena de TV de Guayaquil. Apareció el miedo y le surgieron dudas, pero a río revuelto, ganancia de pescadores, dice el dicho, y él lo sabía. Víctor debía estar al frente del cañón en todo nivel.

Era un amante de la comida. “¡Ya huele!” solía decir a modo de anticipo como quien escucha el gallo por la mañana anunciando la llegada de un lindo amanecer. No faltaba nunca una cerveza y, contrario al estereotipo “fiestero” de los costeños, sus reuniones entre amigos no las musicalizaba con salsa o merengue. Él prefería Joaquín Sabina y era moneda corriente de todas las noches la canción Y sin embargo.

Como productor no tenía la respuesta a todos los problemas, pero siempre estaba dispuesto a ofrecer ideas para solucionarlos. “Los jefes de relaciones públicas deben estar extrañándolo porque, por lo general, los coordinadores son muy parcos para tratar. Víctor no era así”, cuenta Stalin, amigo y colega de aventuras. Lideraba sin descuidar nunca a su equipo. Sin embargo, nadie estaba preparado para el caos que llegaría en marzo a Guayaquil.

La sospecha de sus amigos es que se contagió luego de que su equipo entrevistara a una persona portadora del virus.

Él no lo sabía, claro. Pero ese era su lugar, su pasión. Al frente en todo momento.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Stalin Briones, amigo y colega, y Santiago Guachamín, concuñado y amigo.

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

Gustavo Bermúdez

Gustavo Bermúdez

28 de febrero de 1955 – 26 de mayo de 2020
Managua, Nicaragua

Por: Noelia Gutiérrez

(Nicaragua, 1995)

Su voz la recuerdan cálida, gruesa, amena, de las que no golpeaban el oído, de las que gusta escuchar. Por eso muchos creían que la voz de Gustavo Bermúdez (65 años) era la voz personificada de la Radio Corporación, el medio donde había trabajado durante los últimos 30 años. En su programa Impacto 540, al aire a las 8 de la mañana en punto, él y sus invitados comentaban temas económicos, políticos y sociales.

En 2018, cuando estallaron en el país una serie de protestas antigubernamentales, Bermúdez también se volcó al trabajo de calle. Desde allí reportaba y denunciaba los abusos. También lo hacía a través de su dirigencia en la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN). “Él nos enseñó a ser valientes, a ser firmes, a denunciar lo que hay que denunciar, porque en este país se hace un periodismo de riesgo”, recuerda su colega Alfonso Baldioceda.

Cuando llegaron las noticias sobre la pandemia de covid-19, Bermúdez se alarmó. Avisó a su esposa e hijos que tendría que seguir yendo a la radio; pero aún tomando todas las medidas y restringiendo invitados, los síntomas comenzaron el 12 de mayo. Una semana después fue ingresado en un hospital privado y el 26 de mayo por la noche su voz carismática y envolvente se apagó.

Aunque el Ministerio de Salud le realizó una prueba que salió positiva, en su acta de defunción no aparecía ese diagnóstico. Su hija Irma Bermúdez, no dudó en seguir los consejos de su padre y hacer lo que creía correcto: envió la información a un grupo de periodistas, denunciando que se les había prohibido a los doctores indicar covid-19 como causa de muerte.

La lápida de Gustavo Bermúdez anuncia una de sus grandes premisas: “no se mata la verdad apresando periodistas”.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Irma Bermúdez, hija, y Alfonso Baldioceda, colega.

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

Sergio León, “Bam Bam”

Sergio León

Sergio León, “Bam Bam”

11 de noviembre de 1969 - 14 de junio de 2020
Bluefields, Nicaragua

Por: Noelia Gutiérrez

(Nicaragua, 1995)

Radio La Costeñísima siempre estaba llena de gente: acudían allí para denunciar sus problemas en la comunidad, para alzar su voz, cansados de no ser escuchados por las autoridades locales. Sergio León (50 años), su director, no concebía la radio sino como un servicio comunitario.

En sus veinte años de experiencia periodística, trabajando en prensa escrita, en la radio o al frente de un canal de televisión, siempre tuvo claro que debía denunciar a los poderosos: a la policía coludida con el narcotráfico, a los colonos en busca de tierras ancestrales, a los políticos que reprimían a su pueblo.

“Te van a joder, te van a matar, mejor andate”, le decían sus amigos a Sergio, también conocido como Bam Bam. Él siempre contestaba que no se iba, a pesar de los asedios y las amenazas, porque La Costeñísima era su vida y porque Bluefields era el lugar donde había nacido y donde iba a morir. Así fue.

Falleció el 14 de junio de 2020, después de luchar casi un mes contra la covid-19. Kalúa Salazar, jefa de prensa de la radio, recuerda que desde que iniciaron sus síntomas, Sergio León quiso que se hiciera público su caso, porque era una forma de denunciar que el Gobierno estaba minimizando el impacto de la pandemia en Bluefields y tratando de esconder los contagios y las muertes.

Radio La Costeñísima es ahora un medio multiplataforma, y el noticiero que él mismo presentaba, Tras la Noticia, es referente en el Caribe Sur de Nicaragua. Sobre todo, es un medio que Sergio León preparó para que siempre estuviera “al lado del pueblo, en su presencia o en su ausencia”.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con el testimonio de Kalúa Salazar, discípula y colega.

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

Mario Ley Bucana Huamaní «Cholito»

foto

MARIO LEY BUCANA HUAMANÍ “CHOLITO”

16 de octubre de 1957 - 08 de mayo de 2020
Lima, Perú

De baja estatura, pero gran espíritu. Así fue Mario Bucana Huamani (63 años), camarógrafo que consagró más de 35 años de su vida al periodismo. Fue los ojos de muchas historias y en todas ellas operó con ímpetu y valentía. “Cholito”, le decían por su incomparable fuerza. Una resistencia que mantenía en sus hombros una cámara de 15 kilos y 3 baterías en el chaleco con los que corría, a la velocidad de la noticia, por las aún durmientes calles de la ciudad. Sus registros relatan la historia del Perú, desde sus pasajes más desoladores hasta los más históricos. Detrás de la cámara supo contemplar una mirada humana y creativa de los hechos y con ella guió a sus reporteros.
Su sonrisa, intacta y contagiosa, era reflejo de su espíritu y devoción. Llevaba consigo la adrenalina de cada comisión y custodia de su valentía fue su desgastado e infaltable chaleco azul.

Mario no solo fue un destacado periodista, también fue un buen compañero. Los cargos le parecían pasajeros, pero la amistad inquebrantable. Dejaba todo si veía a alguien en peligro, no creía en competencias y fue su humildad lo que caracterizó su trabajo.

Los nuevos reporteros que llegaban al canal encontraban en él a un guía, amigo y profesor. “Todo se puede conseguir, todo se puede vencer menos la muerte”, decía Bucana.

Continuó trabajando durante la pandemia y se enteró de la enfermedad cuatro días antes de su muerte. Mario fue un guerrero de la imagen, sus valores periodísticos marcaron también los caminos profesionales de su hija y nieta. La casa televisora Panamericana TV fue su segundo hogar y el legado que “Cholito” deja en ella es invaluable. Sus pasadizos llevan el rastro de su compromiso ferviente con la información, las lecciones y sonrisas que dejó en sus colegas y la lucha por un ejercicio periodístico más justo y humano.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Marilyn Bucana (hija) y José Llaja (colega y amigo).

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

Roberto Román Valencia

ROBERTO ROMÁN VALENCIA

10 de febrero de 1945 - 9 de abril de 2020
Guayaquil, Ecuador

Por: Karla Crespo

(Ecuador, 1992)

En la cancha, en la cabina de radio, en el set de televisión y en su barrio Roberto Román Valencia (75 años) era conocido como el “abogado”. La persona que dejó las cortes de justicia para gritar goles.

No aprendió periodismo en las aulas. Sabía que este oficio se forja en el territorio. Decidió abandonar su carrera de abogado para dedicarse a narrar los partidos de fútbol, analizarlos, predecir posiciones y anotaciones.

“Casi siempre acertaba con su pronóstico”, dicen dos de sus siete hijos.

Iba todos los días al gimnasio. Leía mucho. Era alegre y trabajador. Piel canela, no más de un metro setenta, musculoso, con el pelo blanco. Apasionado por el periodismo deportivo, un oficio que ejerció por más de cincuenta años y que le permitió ser parte de las radios y canales de televisión con mayor sintonía de Guayaquil, la segunda ciudad más poblada de Ecuador.

Cumplió con sus dos propósitos: enseñar al público a ver fútbol y fundar un programa de televisión. Para conseguir lo primero, estudió una especialización sobre dirección técnica. Con la paciencia de un profesor y usando una pizarra analizaba de manera pedagógica y con picardía los partidos. Lo segundo lo cumplió gracias al internet, montó un canal digital llamado Fuera de Campo.

En un video se puede ver a un Roberto Román desafiante y saludable. Allí, con suéter deportivo y con anteojos de marcos gruesos le habla al coronavirus. Le dice que no le dará la oportunidad de que invada su cuerpo y, a su puro estilo, le saca una tarjeta roja. Días después fue internado en una clínica con molestias respiratorias.

Roberto falleció sin conocer que la covid-19 no respetó su mandato. El nueve de abril finalizó el juego de la vida, dejándolo todo en la cancha.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de sus hijos Paola Román y Xavier Román.

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

Marcello Bittencourt

Marcello Bittencourt

25 de abril de 1952 - 30 de abril de 2020
São Paulo, Brasil

Marcelo era un hippie de los años 60. Perfeccionista, amante de los libros y enamorado de la radio.

Producía como nadie, en casa o en su oficina en Rádio USP, donde tenía una colección de libros. Le gustaba tanto leer que también escribió. Ganó dos veces el premio Jabuti, el más grande de la literatura brasileña.

Introdujo programas específicos sobre libros en la radio y su voz era tan única de escuchar que contribuyó para otros programas. Marcelo tenía doble formación: primero en sociología, después hizo una maestría en periodismo. Dos campos de estudio que requieren leer mucho y además saber interpretar bien los discursos.

Marcello, de 68 años, no era gordito, pero tenía una pancita. Su cabello le llegaba a la altura de los hombros junto a una barba y lentes redondos, ese era el aire hippie que lo acompañaba. Muy tranquilo y good vibes, era su marca registrada.

Amante de una charla intelectual y un buen whisky, el periodista siempre compraba la bebida con su amiga Marcia en los freeshops de aeropuertos.

Marcello era amante de un buen periodismo y editaba como pocos. Sus piezas dejaban a todos en el estudio impresionados. Sus reportajes eran casi obras de arte.

Pero en una mañana de abril despertó, no se sintió bien y fue al hospital. Allí le hicieron diversos exámenes y descubrió algo que ni él mismo sabía que tenía. Sus allegados dicen que se infectó de covid-19 en el hospital. Cambió dos veces de hospital y se realizó más exámenes. Pero cuando lo sedaron y le pusieron en el respirador, le quedaban pocos días de vida.

Su pérdida fue devastadora para todos los amigos y compañeros. Con todos en confinamiento, ni siquiera pudieron abrazarse unos a los otros para consolarse. Sin embargo, jamás olvidarán su manera libre de vivir la vida, aquél aire hippie cariñoso y las conversaciones sobre política con un buen whisky. Su voz dejará un vacío.

Versión en portugués

Um hippie que saiu dos anos 60. Perfeccionista e amante dos livros. Marcello também era apaixonado pelo rádio. Produzia como ninguém e seja em casa ou na sala da Rádio USP, tinha uma biblioteca. Gostava tanto de ler que também escreveu. Ganhou duas vezes o Jabuti, maior prêmio da literatura brasileira. Deixando um legado eterno.

Introduziu programas específicos sobre livros e sua voz rouca era tão gostosa de ouvir que acabou contribuindo para outros produtos da rádio.

Marcello não era gordinho. Tinha uma pancinha. E seus cabelos na altura do ombro junto com a barba e os óculos redondos trazia o ar hippie que o acompanhava. Despojado e tranquilão essa era sua marca registrada.

Amante de uma conversa intelectual e um bom Whisky. Sempre encomendava com sua amiga Márcia nos free shops de aeroportos. E as conversa em sua casa só paravam quando a garrafa estava perto do fim.

Marcello era amante do bom jornalismo e editava como poucos. Suas obras eram de deixar todos do estúdio surpresos tamanha a arte que empregava na reportagem.

Numa manhã se sentiu mal e foi ao hospital. Lá fez uma porrada de exames e descobriu coisas que nem ele mesmo sabia que tinha. Acabou se infectando da Covid-19 no hospital. Chegou a trocar duas vezes de hospital e realizou mais exames. Mas quando foi entubado, teve poucos dias de vida….

Sua partida foi devastadora para todos os amigos e colegas. Com muitos em casa, nem consolo podiam dar uns aos outros. Contudo, jamais esquecerão aquele jeito despojado, aquele ar hippie carinhoso e as conversas sobre política com um bom Whisky. A voz rouca deixará saudades.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Ligia Trigo, colega, y Marcia Furtado Avanza, amiga y colega. 

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

José Augusto Nascimento Silva “Naná”

José Augusto Nascimento Silva “Naná”

8 de abril de 1962 - 13 de abril de 2020
Rio de Janeiro, Brasil

Amigo. Compañero. Chef. Sincero. Autodidacta.

José Augusto Nascimento Filho, de 57 años, conocido como Naná, llevó su vida e inspiró a cada colega de trabajo y amigo.

Siempre atento, el editor de imágenes de la cadena de TV SBT Rio tenía un cuidado inmenso por todo lo que creaba. Se dedicaba como nadie. Preguntaba a los cameraman por qué no tenían el mismo cuidado en la imagen que él con la estética del video —color, tomas, sonidos— durante las grabaciones en la calle.

Naná también conquistó a muchas personas por el sabor. La cocina era su segunda oficina. Pasteles, dulces, platos típicos portugueses de tradición familiar. La redacción se animaba cuando él llegaba con sus platos deliciosos. Y él se llenaba de orgullo al ver a todos comiendo y elogiando sus dotes.

Autodidacta, leyó e investigó muchísimo. Era un almanaque de la historia de Río de Janeiro. Esa búsqueda por conocimiento hizo que tuviera un cariño por cosas antiguas. Se la vivía en comercios de antigüedades en búsqueda de tesoros añejos.

Esas ganas las ponía en su trabajo también, cuidando del archivo de SBT después de más de 20 años como editor de imágen.

Naná fue amigo. El tipo de amigo que está a tu lado siempre. Que camina contigo hasta tu casa.

Su partida fue un choque entre todos que lo conocían. Especialmente sus amistades. Naná siguió trabajando en plena pandemia y llegó a criticar a la empresa por hacer ir a trabajar a empleados con leves síntomas de covid-19. En abril, Naná se sintió mal: con dolor de cabeza, fiebre y fue internado. Falleció al poco tiempo, dejando tristeza por la falta de despedida impuesta por esa enfermedad.

Su sonrisa, compañía, el sabor de sus platillos y su manera única de ser, jamás serán olvidadas.

Versión en portugués

Amigo. Companheiro. Mestre cuca. Sincero. Autodidata. Assim Naná levou a vida e inspirou cada colega de trabalho e amigo. Sempre atento, o editor de imagens do SBT Rio tinha apreço por tudo que montava. Se dedicava como ninguém. Chamava atenção de quem não cuidava da estética enquanto estava na rua.

Esse Naná gostava de conquistar pelo sabor. Cozinhava que era uma beleza. Bolos, pastéis, fulá e o preferido: cuscuz marroquino. A redação soltava fogos quando ele chegava com os pratos e ele ficava todo orgulhoso.

Autodidata, lia e pesquisava muito. Era um almanaque da história do Rio de Janeiro. Essa busca por conhecimento fez com que tivesse um apreço por coisas antigas. Vivia em antiquários e brechós, sempre em busca de um tesouro. Não à toa, cuidava do tesouro da empresa trabalhando no Arquivo.

Naná foi amigo. Desses de comprar briga por você. De te acompanhar até em casa e deixar saudades em até quem não via há quase uma década.

Sua partida foi um choque nos amigos e colegas. De uma hora para outra começou a se sentir mal. Em pouco tempo foi internado e partiu. Partiu deixando corações arrasados pela falta de despedida imposta por essa doença.

Mas o sorriso, o companheirismo, o sabor de suas comidas e seu jeito único jamais serão esquecidos.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Cristina Navarro, amiga y colega, y Paulo Nogueira, colega.

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

José Edvaldo da Silva

JOSÉ EDVALDO DA SILVA

12 de septiembre de 1955 - 16 de junio de 2020
Arapiraca, Alagoas, Brasil

Comer el famoso “Caldinho do Pedrinho” con su hijo era uno de los momentos favoritos de José Edvaldo da Silva. En los últimos meses, su nieto de dos años y medio también se había convertido en la compañía del dúo: el niño quería hacer de todo con el Abuelito Ed.

Padre de tres, periodista y locutor de 64 años, tenía como gran inspiración su familia. Descrito por sus amigos como un hombre que anteponía a su familia a todo lo demás, hizo muchos sacrificios para que sus tres hijos se graduaran. El de enmedio, Igor da Silva, también es periodista. En la graduación, en 2008, Edvaldo no ocultó su orgullo de ver a su hijo graduarse en el mismo campo que eligió para actuar.

Durante más de 40 años, Edvaldo trabajó con la radio. Entre sus colegas, era conocido como un “furão” (en portugués, un periodista que siempre tiene una historia exclusiva o un gran reportaje antes que las otras emisoras). Desde el deporte hasta la política, Edvaldo cubrió varios temas en su programa “Nosso Encontro”, en Radio Sampaio.

Los libros occidentales fueron una de sus grandes pasiones, al igual que el fútbol. Edvaldo era moreno, medía 1,70 m de altura, tenía ojos negros y un poco de canas.

Llevaba seis meses sin trabajo debido a una operación de corazón que le realizaron en el segundo semestre de 2019. Edvaldo trabajaba en casa, rara vez salía y cuando era necesario, siempre usaba mascarilla y gel de alcohol. La familia cree que el periodista contrajo la enfermedad debido al contacto con su hija, Iza Eleuza de Castro Silva, quien trabajaba en un hospital de la ciudad de Arapiraca.

La hija mayor de Edvaldo trabajaba en un hospital de casos de covid-19 y murió de complicaciones por el virus el 3 de junio. Tres días después, al padre le diagnosticaron la enfermedad. Fue remitido al hospital el mismo día.

Sin mayores complicaciones, Edvaldo mantuvo conversaciones con su familia a través de llamadas de WhatsApp y videollamadas. Pero poco a poco su condición se agravó. Los médicos responsables aseguran que su estado era estable, pero empeoró mucho debido a ataques de ansiedad.

Edvaldo no supo procesar la pérdida de su hija.

Además de su legado como uno de los periodistas más conocidos de Arapiraca y Palmeira dos Índios, Edvaldo dejó una gran ausencia. Falta para sus fieles oyentes, que siempre seguían el programa de radio. Falta a sus compañeros de trabajo y a todos los profesionales que lo vieron como un modelo de integridad a seguir. Y le extraña su familia, que perdió a un querido esposo, padre y abuelo. Para Igor, la bendición del padre es lo que más se necesita en su día a día.

Versión en portugués

Tomar o famoso “Caldinho do Pedrinho” com o filho era um dos programas preferidos de José Edvaldo da Silva. Nos últimos meses, o neto de dois anos e meio também havia se tornado companhia da dupla. Xodó do Vovô Ed, o garoto queria fazer tudo com o avô.

Pai de três filhos, o jornalista e radialista de 64 anos tinha como maior inspiração a família. Descrito pelos amigos como um homem que colocava a família acima de tudo, ele fez muitos sacrifícios para ver seus três filhos formados. O do meio, Igor da Silva, também é jornalista. Na formatura, em 2008, Edvaldo não escondeu o orgulho que sentia em ver o filho graduado na mesma área que ele escolheu atuar.

Há mais de 40 anos Edvaldo trabalhava com rádio. Entre os colegas era conhecido como “comentarista furão fantástico”, pois quando começou na rádio ele dava muitos furos, conseguia muitas reportagens. De esporte à política, Edvaldo cobria diversos assuntos em seu programa “Nosso Encontro”, na Rádio Sampaio.

Livros de faroeste eram uma das suas grandes paixões, assim como o futebol. Edvaldo era moreno, media 1,70 m, tinha olhos pretos e um cabelo um pouco grisalho.

Ele estava afastado do trabalho havia seis meses, devido a uma cirurgia cardíaca que realizou no segundo semestre de 2019. Edvaldo trabalhava em casa, raramente saía e quando precisava, sempre usava máscara e álcool em gel. A família acredita que o jornalista contraiu a doença devido ao contato com a filha, Iza Eleuza de Castro Silva, que trabalhava em um hospital da cidade de Arapiraca.

A filha mais velha de Edvaldo atuava em um hospital de atendimento a casos da COVID19 e faleceu devido a complicações do vírus em 3 de junho de 2020. Três dias depois, o pai foi diagnosticado com Corona. Ele foi encaminhado para o hospital, no mesmo dia.

Sem grandes complicações até então, ele mantinha conversas com a família através de ligações pelo WhatsApp e vídeos chamadas. O agravamento foi devido ao luto pela morte da filha. Os médicos responsáveis por Edvaldo afirmam que o quadro dele era estável, mas se agravou muito após crises de ansiedade.

Edvaldo não soube processar a perda da filha.

Além de seu legado como um dos jornalistas mais conhecidos de Arapiraca e Palmeira dos Índios, Edvaldo deixou saudades. Saudades para seus ouvintes fiéis, que sempre acompanhavam o programa da rádio. Saudades para os colegas de trabalho e todos os profissionais que viram nele um modelo de integridade a ser seguido. E saudades para a família, que perdeu um marido, pai e avô querido. Para Igor, a benção do pai é o que mais faz falta em sua dia a dia.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Igor José de Castro Silva, hijo, e Antônio de Oliveira, compañero de trabajo.

Libro de firmas
Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

Ramona Medina

RAMONA MEDINA

22 de junio de 1977 - 17 de mayo de 2020
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Por: Camila Barreiro

(Argentina, 1993)

“No sabían que era semilla”, repetía Ramona Medina (42) a sus vecinos del Barrio 31 y compañeros de la organización social La Poderosa. Como una suerte de premonición, esa frase floreció en murales, stickers y mantras luego de su muerte por covid-19 el 17 de mayo de 2020.

Las condiciones en el Barrio 31, y otros rincones vulnerables de Buenos Aires, se volvieron aún más hostiles con la pandemia. “No pedía solo por ella, pedía por todo el barrio. Vivía en una pieza chiquita con muchas personas y una hija con discapacidad”, cuenta Gabi, amiga de “Ramo”.

“No bajes los brazos, que no te importen los de afuera y subí la cabeza”, le decía a Tami, una de sus compañeras de lucha, como referente del área de salud de la Casa de las Mujeres y Disidencias de La Poderosa. Ella se fue convirtiendo en comunicadora por necesidad, “cuando se dio cuenta de que su voz interpelaba, se transformó en vocera del Barrio”, cuentan. Filmaba videos, iba a la radio y daba notas a los medios que la ayudaran a expandir su realidad.

Ramona siempre sonreía mientras colaboraba en el comedor Gustavo Cortiñas. Con su mate en la mano, bailaba cuarteto, convidaba empanadas tucumanas (provincia de la que era oriunda) y preparaba una torta para cada cumpleaños. Era tan generosa que hasta compartía su alegría: si sabía que alguna vecina estaba mal, la buscaba para hacer zumba y olvidar la tristeza.
“Te transmitía todo lo que la atravesaba, desde sus emociones hasta sus pensamientos. Sus miradas transmitían todo”, esboza Gabriela Ramos. Era tan abocada a su lucha que pocas veces se dedicaba tiempo a ella misma, sin embargo, festejaba cada pequeña victoria y disfrutaba con sus hijas.

Luchando por agua para sanitizarse y sin posibilidades de ser reubicada a pesar de ser paciente de riesgo, se contagió de coronavirus y murió días después en el hospital. Su ausencia se puede palpar en las voces de quienes la recuerdan, mientras continúan con su legado y entrega.

Ahora queda la “lucha para que a nadie le vuelva a pasar”.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Gabriela Ramos, amiga y colega de La Poderosa en el Barrio 31, y Tamara Noga, amiga y delegada de La Poderosa en la Villa 21-24.

Libro de firmas

Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo:

Roberto Fernandes

ROBERTO FERNANDES

21 de octubre de 1958 - 21 de abril de 2020
São Luís, Maranhão, Brasil​​

Por: Alice de Souza

(Brasil, 1991)

“Nada puede ser amado u odiado sin ser entendido primero», fue una de las últimas frases elegidas por Roberto Fernandes, de 61 años, para el mensaje matutino que daba en la radio. La reflexión diaria era su marca, pero no era la única manera como llegaba a la casa de los habitantes del estado de Maranhão, en el Noreste brasileño.

Periodista versátil, Roberto pudo mostrar con orgullo el hecho de que era conocido, comprendido y amado, como la frase que eligió. Actuó en varios frentes: pasó de operador a locutor de radio, de radio a televisión, de deportes a política. Fue uno de los principales nombres del periodismo en Maranhão, estado que adoptó después de dejar Pernambuco con su familia.

Cuando empezó en el periodismo, hace más de 30 años, Roberto no era calvo, pero ya tenía su 1.79 metro y la pasión profesional con la que lo describen sus colegas y familiares. Entrevistaba a todo tipo de personas con la misma habilidad y respeto. No en vano rápidamente ascendió.

El periodismo, sin embargo, no era la única pasión de Roberto. Le encantaba viajar por las carreteras de auto con sus amigos. Jugaba al fútbol e hinchaba un montón al Moto Club. Su pasión más reciente fue la más íntima: su nieto Murilo, de solo 1 año. El niño y el abuelo eran casi almas gemelas.

Roberto parecía inalcanzable, incluso para la covid-19. Pero la pandemia lo capturó sin tiempo para notarlo: sus síntomas empezaron en marzo, cuando Brasil registraba los primeros casos. Después de un tiempo fue al hospital con neumonía. Nadie creía que uno de los nombres principales en el periodismo de Maranhão sucumbiría al coronavirus. Roberto dejó dos viajes programados con su familia, dos hijos, su esposa y una legión de oyentes. Su voz aún resuena en la radio, con los 478 mensajes que dejó grabados y que sus colegas continúan transmitiendo como una forma de homenaje.

Versión en portugués

«Nada pode ser amado ou odiado sem primeiro ser compreendido», foi uma das últimas frases escolhidas por Roberto Fernandes, 61, para a mensagem matinal que deu no rádio. A reflexão cotidiana era sua marca, mas não era o único caminho para chegar a casa dos moradores do estado do Maranhão, no Nordeste brasileiro.

Jornalista versátil, Roberto conseguiu mostrar com orgulho o fato de ser conhecido, compreendido e amado, exatamente como a frase que escolheu. Trabalhou em várias frentes: de operador a locutor de rádio, do rádio à televisão, do esporte à política. Foi um dos principais nomes do jornalismo no Maranhão, estado que adotou após deixar Pernambuco com a família.

Quando começou no jornalismo, há mais de 30 anos, Roberto não era calvo, mas já tinha o seu 1,79 metro e a paixão profissional com que os colegas e familiares o descrevem. Entrevistava todos os tipos de pessoa com a mesma habilidade e respeito. Não foi em vão que ascendeu rapidamente.

O jornalismo, porém, não era a única paixão de Roberto. Ele adorava viajar pelas estradas de carro com seus amigos. Jogava futebol e era um grande fã do Moto Club. A sua paixão mais recente foi a mais íntima: o neto Murilo, de 1 ano. O menino e o avô eram quase almas gêmeas.

Roberto parecia inatingível para qualquer coisa, mesmo para o covid-19. Mas a pandemia o pegou sem tempo de perceber, os sintomas começaram ainda em março, quando o Brasil registrou os primeiros casos. Ele foi para o hospital com pneumonia. Ninguém acreditava que um dos principais nomes do jornalismo maranhense fosse sucumbir ao coronavírus. Roberto deixou duas viagens programadas com sua família, dois filhos, sua esposa e uma legião de ouvintes. A sua voz ainda ecoa na rádio, com as 478 mensagens que deixou gravadas e que os seus colegas continuam a transmitir em forma de homenagem

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Este perfil fue construido con los testimonios de Roberto Fernandes Junior, hijo mayor, e José Raimundo Soares, amigo y colega.

Libro de firmas

Si deseas compartir un recuerdo, aquí puedes hacerlo: